El nico bailaor del mundo ganador de un Grammy

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El artista Nino de los Reyes, de la mítica escuela flamenca madrileña Amor de Dios, actúa el viernes en el JazzMadrid

El bailaor Nino de los Reyes.ANTONIO HEREDIA

Por los ventanales de la legendaria escuela flamenca Amor de Dios Flamenco, ubicada en la segunda planta del castizo mercado de San Antón, se filtra la luz tamizada de una mañana nublada de un canónico día de noviembre. El bullicio del mercado se cuela y mezcla con la reverberación del taconeo de la planta de arriba, donde aguarda Nino de los Reyes, sentado en una vetusta silla de madera, con su sonrisa filipina como carta de presentación. «Sí, he salido a mi madre», afirma con una reluciente mueca. «Nací en Boston, pero a los cuatro años me mudé a Madrid y aquí he pasado mi infancia, aunque también he ido temporadas a Boston, pasando los veranos y celebrando las navidades… Tengo doble nacionalidad».

Nino de los Reyes es una suma ecléctica de un simpar de sincronías que se resumen en una: arte. De padre español, Ramón de los Reyes, procedente de una gran saga de bailaores, y madre bailarina, Clara Ramona -conocidos entrambos como maestros en el conservatorio de Boston-, mamó la danza desde pequeño y eso le ha llevado a convertirse en el coreógrafo que es hoy, un referente madrileño de la escena internacional, el único bailaor del mundo con un Grammy, ganado justo antes de la pandemia junto a Chick Corea, con el que colaboró en su disco Antidote, galardonado como mejor álbum de latin jazz.

«Yo entré a estudiar en esta escuela a los siete años -que antes estaba en la calle Amor de Dios, después en Fray Luis de León y luego aquí, en el mercado-, estudiando con los maestros, los más grandes del flamenco, en la escuela por excelencia del mundo entero. Aquí vienen a estudiar de todos los lados del mundo», explica con pasión Nino. Con tesón y sacrificio, todo lo demás vino como consecuencia natural de su esfuerzo: a los nueve años de edad debuta en el espectáculo Campanas Flamencas, dirigido por Paco Sánchez, fundador de la mítica Cumbre Flamenca. A los once, pasó por el concurso televisivo Veo, veo, de Teresa Rabal. Siendo chaval, fue invitado junto con su hermano Isaac de los Reyes por la propia Shakira, para que bailasen en su espectáculo en los Grammy, aunque las circunstancias impidieron que se juntasen. Con Paul Simon también estuvo rondado el Grammy, con el que colaboró en su disco Stranger to Stranger.

Y, como dice el dicho, a la tercera cayó la vencida, con uno de los músicos de jazz más importantes de los últimos 50 años, el recientemente fallecido Chick Corea. Apasionado de la música española y amante de la piel de toro, en su visita hace seis años al Auditorio Nacional de Madrid conoció a Nino por intermediación de Jorge Pardo: «Vente a una fiesta con Chick Corea. Tráete las botas, que vamos a hacer una jam», le dijo a Nino. «Después nos fuimos a Casa Patas, luego nos subimos a la fundación, donde tienen un piano, e hicimos otra jam, y de repente me viene el mánager y me dice: ‘Chick quiere hablar contigo’. Hablé con él y me dijo que quería volver a tocar conmigo. Así fue como fui con él a actuar al Blue Note de Nueva York, al Madison Square Garden, después la grabación del disco, la gira y el Grammy», recuerda con cierta nostalgia.

Nino entorna los ojos: «Yo veo que hoy en día el flamenco se está valorando en España mucho más, que se le está dando el sitio que se merece como Patrimonio de la Humanidad, y todavía le falta mucho: debería ser parte esencial en la escuela porque forma parte de la historia de España, no sólo la música, sino lo que dicen las letras. Igual que se enseña música clásica, se estudia flauta en el colegio, creo que sería importante que a través de las letras del cante jondo se estudiase parte de la historia de la cultura española», zanja Nino. Y con razón.

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