Javier Limón: “El español es una locomotora cultural”

El bendito virus de la música le entró a Javier Limón (Madrid, 1973) en el Colegio Escolanía Mater Amabilis, donde los jesuitas daban la clase extraordinaria de solfeo gratis. Estudiando en EEUU aprendió a valorar la música folclórica española. Al regresar a la madre patria, quiso ser cantaor flamenco. La cosa no cuajó. Se reinventó como compositor y productor, y ha trabajado con/para/por, entre otros, Paco de Lucía, Enrique Morente, Andrés Calamaro, Joaquín Sabina, Buika, Diego el Cigala o Alicia Keys. El fundador de Casa Limón ha sido reconocido con una pila de Grammys Latinos, discos de oro y platino y demás prestigiosos galardones. Ha hecho música para cine y ha ejercido como comunicador en radio y televisión. Acaba de publicar Limón. Memorias de un productor musical (Debate, 2022). Aprovechando este lanzamiento, LD le entrevista.

P: Señor Limón, ¿cuál es su palabra favorita?

R: “Orgasmo”. Es una de las pocas palabras que siempre tiene una connotación positiva. No hay un “tuve un orgasmo mediocre” o “hubo un mal orgasmo”. Un orgasmo es siempre bueno.

P: ¿Y cuál es la que más detesta?

R: Por su significado, no por su sonoridad, “deslealtad”.

P: ¿Vale más un acorde que mil palabras?

R: No. Creo que la armonía es maravillosa, pero la palabra, dentro de la música, tiene mucha fuerza. Quizá vale una melodía más que mil palabras.

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Javier Limón y Jesús F. Úbeda, durante la entrevista | C.Jordá

P: En el libro, alza su voz “para poner en valor la importancia de la lengua española en el ámbito de la cultura” y celebra “la riqueza que supone que las historias contadas y cantadas por un uruguayo, un panameño, un cubano, un español o un mexicano puedan viajar por todos estos países y que sean sentidas como propias por todos”. Me acordaba de las palabras de Neruda: “Se llevaron el oro y nos dejaron el oro”.

R: Estoy de acuerdo con eso. Tengo amigos que, a lo mejor, echan en falta más proteccionismo con los idiomas americanos, como el maya, etcétera. Pero creo que, hoy en día, no hay Grammys Latinos en francés, ni hay Grammys Latinos en italiano. El español es una locomotora cultural. Y más que lo va a ser porque la primera potencia del mundo, EEUU, va a ser el país con más hispanohablantes del mundo. En muy pocos años. Hay un observatorio del Instituto Cervantes en Boston que es maravilloso y que sólo se dedica a observar el español en EEUU. Yo me leo los informes, creo que soy el único que se los lee (risas), y es impresionante cómo va creciendo y se va desenvolviendo nuestro idioma en EEUU.

P: ¿Por qué de su colegio uno salía “músico, cura o terrorista”?

R: Lo de terrorista, obviamente, es una broma. Era un colegio muy focalizado a la música. Estaba creado para nutrir de voces blancas al coro polifónico de la iglesia de Serrano 104. Uno o amaba la música o la acababa detestando.

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Limón posa para LD | C.Jordá

P: Me ha sorprendido que la clase extraordinaria de solfeo era gratis.

R: Sí, la daba don Paco, que falleció este año, por cierto. Un tío por el que yo me dedico a la música, básicamente. Y la daba, fíjate, en los huecos que había entre clase y clase. O sea, en diez minutillos, venía corriendo, nos pasaba la lección, y ya luego seguía dando otra clase. El hombre daba matemáticas e inglés. Era un crack este señor.

P: Va una pregunta retórica: ¿está descuidada la educación musical?

R: Sí. Salvo Berklee Valencia, que es un máster, creo que hay una gran estructura para la educación clásica, pero faltan instituciones educativas que estén enseñando, por ejemplo, songwriting en español, o que estén enseñando flamenco o producción musical. Ahí hay margen para mejorar.

P: ¿Cuándo supo que quería dedicarse al flamenco?

R: Tenía el flamenco de mi raíz andaluza, del pueblo de mi madre, al que iba en verano. Cuando fui a estudiar a EEUU, me di cuenta de que el flamenco y la copla eran géneros en los que podía destacar un poquito. Allí, por ejemplo, en Nueva York, con el blues o el rock en español, en los noventa, era muy difícil. Ahora, con la globalización, esto se ha acentuado más. Yo estoy muy contento por C. Tangana o por Rosalía, que se han dado cuenta de que, para cruzar fronteras, o tiras de nuestra raíz o es muy difícil competir con artistas internacionales, y tan potentes, como los afroamericanos, con esa formación en jazz, que cantan en iglesias góspel desde pequeños… Cantar jazz o blues es difícil de salida. Me gusta que estos chicos hayan utilizado nuestra raíz para método para volar e ir a EEUU. Eso me enorgullece.

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Javier Limón | C.Jordá

P: ¿Y cuándo se dio cuenta de que comportarse como un gitano siendo payo era un error?

R: Esa es muy buena pregunta. (Piensa) No sé cuándo. Probablemente, cuando empecé a funcionar y a tener cierto reconocimiento, me di cuenta de que no hacía falta. Cada uno debe ser lo que es, y aunque sea muy exótico, en el flamenco, el mundo de los gitanos, ellos mismos, con los que yo tengo una relación familiar y una amistad muy profunda, te respetan cuando eres lo que eres. Chet Baker nunca pretendió ser negro. Y era muy respetado por todos los jazzeros.

P: ¿Se siente más cómodo con el traje de compositor que con el de productor?

R: Sin duda. Donde más a gusto estoy es componiendo en soledad en mi casa. Para mí, el éxito y el reconocimiento es cuando sale la canción, yo me siento bien, se la canto a mi mujer, Eva, o se la mando a mi madre. Con eso me sobra. Ahora bien, un compositor no podría haber escrito un libro como este. Porque, como digo, es un oficio solitario. En cambio, el de productor es un oficio social, de psicología, de anécdotas. Pasan cosas. Entonces, claro, es más divertido ser productor, pero es mucho más profundo y serio ser compositor. Mucho más.

P: Ha producido a Paco de Lucía, a Enrique Morente, a Andrés Calamaro, a Joaquín Sabina, al Cigala, a Buika… ¿Qué tienen en común estos artistas?

R: No tienen por qué tener algo en común. Es verdad que se cumple una regla: cuanto más grandes son, son más humildes. Mira, ahora que lo mencionas: anoche me escribió un whatsapp Calamaro diciéndome, emocionado: “¿Es que has escrito un libro?” (risas). Hay una relación muy bonita con Andrés. Yo no tengo esa relación con todos los artistas. Para mí, Calamaro es un amigo muy grande.

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Un momento de la entrevista | C.Jordá

P: ¿Y cuál es la mayor lección que ha aprendido trabajando con ellos?

R: Uno, lo de la humildad que te decía antes: cuanto más grandes son, más humildes son siempre. Y dos, que la clave de todo es el esfuerzo. Está muy bien tener talento, está muy bien tener suerte, tener amigos, estirpe, venir de una familia tal, pero la clave es levantarse por la mañana y ponerse a trabajar. Es la clave de Paco, de Bebo, de Picasso o de Camarón. Camarón, cuando había oído todo lo que había que oír de flamenco, abría las cintas de casete con un destornillador, les daba la vuelta, y las volvía a oír al revés para sacar nuevos melismas. Tomatito se levanta por la mañana y toca la guitarra; desayuna y toca la guitarra; come y toca la guitarra; luego toca la guitarra, cena y toca la guitarra. Esa es la vida de Tomatito. Y es gitano y coge a un burro y lo capa él con un cuchillo, como te lo acabo de contar, pero se pega tocando la guitarra doce horas. Yo tengo mi talento, no soy un gran guitarrista ni un gran cantaor, pero tengo mucha imaginación. Cada uno tiene sus talentos. Es interesante descubrir en qué no vales, en qué eres malo. Para no perder el tiempo. Pero, para mí, el gran talento es ser trabajador, echarle horas. A mí, si no me gusta lo que hago, soy supervago. Cuando estaba en Mapfre o cuando estudiaba Ingeniería Agrícola, era bastante desastre. Luego, cuando encontré lo que me gustaba, me pego horas y horas y horas. Puedo tener en mi disco duro 200 canciones compuestas. Tengo tres discos grabados para salir. Voy a sacar ocho discos de aquí a mayo.

P: ¿Usted tiene afán de trascendencia?

R: Vicente del Bosque no se quedaba con ser campeón del mundo, sino con un recorrido. Las carreras hay que verlas en su totalidad para analizarlas de manera justa. Yo no soy jurado en Operación Triunfo ni canto en Eurovisión. Somos profesionales que estamos en un camino de largo recorrido. Lo que me interesa es que mi música se escuche dentro de años. Me da mucha alegría saber que, por ejemplo, Lágrimas negras se sigue escuchando. O El cantante. Me gusta saber que “Estadio azteca” ha quedado ahí, que no ha desaparecido. A lo mejor, El cantante no ha vendido tanto como vendieron Andy y Lucas, que salieron el mismo año, pero El cantante ha quedado más que Andy y Lucas, que son unos chavales fantásticos, ojo. Pero tienen, quizá, otro objetivo. No sé si más caduco, pero sí efímero en el buen sentido de la palabra.

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Javier Limón | C.Jordá

P: Antes ha mencionado a Rosalía. En mi opinión, El mal querer es un disco que, tirando de tópico, vino para quedarse, pero lo que ha sacado después es comida rápida, canciones de usar y tirar. ¿Está de acuerdo?

R: No lo sé. No he escuchado lo nuevo. Lo único que he escuchado es “Moto-Mami, Moto-Mami” (risas). El mal querer es un disco que estuvo muy bien, que funcionó muy bien en España y bien en EEUU, ganó varios Grammys Latinos… Luego ha hecho algunos temas que estuvieron bien, cosas más comerciales, como la bachata con Weeknd… Para analizar a Rosalía, necesito su propuesta global: su puesta en escena, su coreografía… Por ejemplo, veo que en Instagram ha sacado un story haciendo giros en un quad, levantando un montón de arena. Ella, como una loca. Eso me parece genial. ¿Musicalmente? Obviamente, no: es una tía montándose en un quad (risas). Pero hay que analizarla como fenómeno generacional de impacto de entretenimiento audiovisual en todas las plataformas. Luego, como gestione ella sus productos discográficos para su audiencia… Cuando salió en los Goya cantando una canción de Los Chunguitos con el orfeón, los actores y las actrices pensaban: “A ver cuándo bailan”. Y no se movieron. Pedro Almodóvar, David Trueba y todo el mundo quedó impresionado. Desde luego, es una tía que ha tenido impacto en la sociedad. ¿Musicalmente? Hay que darle tiempo para analizarla.

P: Escribe que “descubrir América fue como pasar de ver el mundo en blanco y negro a verlo en color”.

R: Fue al descubrir el latin jazz. Imagínate: de estar, durante años, descubriendo, poquito a poco, el flamenco, cantaor a cantaor, disco a disco, un día te invita Fernando Trueba al estreno de una película que ha hecho, Calle 54, y, de golpe, pum: Paquito D’Rivera, Bebo Valdés, Chucho Valdés, Jerry González, Gato Barbieri… Fue como ver el mar de golpe. La inmensidad del mar.

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Javier Limón sonríe para Libertad Digital | C.Jordá

P: En su opinión, ¿qué es lo más importante que debe aprender uno de sus alumnos en Berklee?

R: Depende de la asignatura. Si es de songwriting en español, pues que hay que conocer mucho de poesía, métrica, rima, para escribir buenas letras. No es cuestión de ponerse a decir lo que uno opina. Hay que tener técnica poética y literaria para escribir buenas canciones. Si el alumno es de flamenco, no debe pretender ser un músico flamenco por venir a mi clase, sino conocer un poquito para coger herramientas del flamenco y aplicarlas a su propio proyecto: un acorde, un ritmo, un instrumento, una técnica de grabación… Pero no hace falta ser un experto en flamenco para amar el flamenco y utilizar partes del flamenco en otras músicas. Igual que con los Beatles: no hace falta conocer toda su discografía para saberse una canción de los Beatles. No pasa nada.

P: Para finalizar, ¿qué me puede contar del Candela, que acaba de chapar? Lo conocí durante su ocaso, cuando era un pub flamenco que se llenaba de guiris –y de peña que quería pillar cacho–.

R: Nunca he ligado con una guiri en el Candela (risas). Iba todos los días al Candela. Hacíamos Casa Patas, Cardamomo, para ligar con chicas en el Cardamomo (risas), que ahora es un tablao, y luego nos íbamos al Candela a rematar, hasta las seis/siete de la mañana. Ahí había un personaje clave, que era Miguel, al que yo hice una canción muy bonita, “La calle del Olivar”, con Sandra Carrasco. Miguel era vital. Entonces, el día que murió Miguel dejé de entrar en el Candela. Nunca lo volví a pisar. Antes, entrabas en el Candela y veías a Enrique Morente jugando al ajedrez con Miguel. Paco de Lucía dejó de ir cuando dejó de sorprenderse. Sabía que uno le iba a pedir dinero, que el otro le iba a pedir una copa, que el otro le iba a mandar una maqueta… Y dejé de ir el día que murió Miguel. Me pasó también en el Café Berlín, cuando dejaron de llevarlo Erik y Odalis. Eran como parte del mobiliario.

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