‘Thriller’: el álbum perfecto

Los críticos y ensayistas más importantes del periodismo de música están de acuerdo con que el mejor disco de la carrera de Michael Jackson, musicalmente hablando, es Off The Wall, de 1979. Sin embargo, Thriller sigue siendo el mejor álbum del ‘Rey del pop’ a los ojos y oídos del público, y quitar de la conciencia colectiva ese reconocimiento es imposible.

Aunque Off The Wall se destaca por su espíritu innovador, hay en Thriller una ambición, un estilo y un revanchismo únicos. Contaba el famoso expresidente de CBS (hoy en día Sony Music) Walter Yetnikoff en su autobiografía Aullándole a la luna que cuando terminó la ceremonia de los Premios Grammy de 1980, Michael Jackson estaba furioso por haberse ganado solamente uno de los dos premios a los que estaba nominado.

“Esto no puede volver a suceder”, le decía en una limosina, entre lágrimas Michael, al colérico y pernicioso Yetnikoff. “Walter, prométeme que el próximo álbum que haga se va a ganar todos los premios. Prométeme que será el álbum más grande de todos los tiempos”, le dijo el artista. “Así será, arcángel Michael”, le contestó el cocainómano y ambicioso disquero.

Yetnikoff y Jackson cumplieron mutuamente la promesa. Por su parte, Michael Jackson, asociado desde Off The Wall al productor de jazz Quincy Jones, logró reunir a los compositores y músicos más brillantes de la década de los ochenta. Por la suya, Yetnikoff inició la campaña de promoción más agresiva y salvaje de un disco de pop en la historia.

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Ambas cosas dieron rienda suelta a una nueva era. Off The Wall había sido la obra cumbre del disco, como escribió Mark Fisher en su ensayo El fin del Jacksonismo. Pero Off The Wall había tomado las mejores ideas del manual del libro sagrado del género, encontradas en Saturday Night Fever, de los Bee Gees, de 1977. Ese manual había cumplido su propósito comercial, y luego de la primera gran debacle de la industria discográfica a mediados de 1979, la disquera CBS no solamente tenía la responsabilidad de recuperar la inversión realizada en la pelea legal contra Motown Records por quedarse con el contrato de los Jacksons, sino que debía ganarle algo a esa pelea.

Para ponerlo en contexto, Motown Records fue la disquera que definió todo lo que pasa hoy en el pop: cuánto debe durar una canción, cuánto se les pagaba a los músicos, cuánto ganaban en regalías, qué tanto de la música de los artistas era de los artistas y qué tanto era de la disquera. Motown era la disquera de Marvin Gaye y de Diana Ross, los dos artistas más vendedores y reconocidos de la música negra de la época, así que para Joe Jackson, padre de Michael y mánager de los Jackson 5, estar en Motown era un privilegio.

De Motown a ‘Thriller’

De manera que lo importante era tener el contrato, así que los Jackson 5 firmaron un contrato leonino con el dueño de Motown Records, Berry Gordy, en julio de 1968.
En ese contrato se firmó el destino y la propiedad intelectual de los Jackson 5, que incluyó 469 canciones, un promedio de 75 canciones al año, de las cuales solamente 174 se lanzaron al mercado, y cuyas restantes 295 eran una deuda que CBS debió pagar para liberarlos en 1976. No sin antes negociar con Gordy una demanda de 20 millones de dólares, luego de que los Jackson, en cabeza de su padre, decidieran irse de Motown Records antes de terminarlo. 

Al irse a la corte, los Jackson perdieron el pleito legal. Se negoció que CBS debía pagarle alrededor de 2 millones de dólares al dueño de Motown por incumplimiento de contrato, pero los Jacksons debieron entregar su derecho a cobrar regalías por todas las grabaciones que habían hecho con dicho sello discográfico. En otras palabras, ninguno de sus éxitos más grandes —ABC, I’ll Be There, I Want You Back, por mencionar solo tres— les pertenecían.

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A pesar de entrar perdiendo, al llegar a CBS en 1976, los Jacksons obtuvieron el 27 por ciento en regalías por la venta de los discos que grabarían con CBS. En aquel momento, un álbum costaba alrededor de 6,98 dólares, de los cuales a los Jacksons les tocaba 94,5 centavos por álbum vendido en los Estados Unidos y 84 por álbum vendido internacionalmente.

Michael Jackson jamás pensó que su grupo era tan valioso para el mercado de la música. Pero la negociación con CBS le sirvió para darse cuenta de la importancia que tenían él y sus hermanos y fue una pieza de información clave para re negociar con la disquera los proyectos futuros como solista, incluyendo Off The Wall y Thriller.

Thriller se empezó a grabar en el verano de ese año con un presupuesto de 750 mil dólares y 300 canciones de las cuales, Quincy y Jackson escogieron nueve. Estas canciones fueron ensambladas por Jones y Jackson con la ayuda de más de 25 músicos e ingenieros que fueron escogidos con igual precisión quirúrgica.

Buscando impactar los vestigios de la era del disco, el repertorio atacó no solo las discotecas con canciones como Wanna Be Startin’ Somethin’ y Pretty Young Thing, sino que abordó todos los frentes posibles de la radio comercial: el rock, el soul, el R&B, el funk, el pop. La idea era conseguir que todas entraran a los listados de popularidad.

Aunque el repertorio abrió las posibilidades de ingresar a cuanta radio musical existiera, el primer sencillo del álbum fue una balada blanda, pero bendecida por la presencia de uno de los Beatles, Paul McCartney: The Girl Is Mine alcanzó a llegar al puesto número 2 de los listados de aquella época.

La duda de si Thriller sería tan importante como Jackson quería y CBS necesitaba invadió a la disquera luego de que The Girl Is Mine no logró llegar al número uno. El siguiente sencillo, una canción sobre una fan obsesionada titulada Billie Jean, era un dilema preocupante tanto para Quincy Jones como para el sello discográfico. 

Con una introducción instrumental demasiado larga para la radio, y dado que la primera canción no había logrado alcanzar la cima en el listado general de ventas, el éxito de Billie Jean no estaba claro. Quincy Jones, además, había estado en contra de la inclusión de la canción en el repertorio final; según el biógrafo de Jackson, J. Randy Taraborelli, Jones “no sentía que fuera lo suficientemente fuerte para ser parte de la colección”.

Dadas las circunstancias, CBS rechazó la posibilidad de hacerle a Billie Jean un video musical como parte de la promoción. Jackson, empecinado en hacer de Billie Jean un ejemplo de su grandeza, pagó de su bolsillo la producción y dirección del videoclip y lo entregó finalizado a la disquera. La cadena de videos musicales MTV, que llevaba un año intentando sobrevivir en el nuevo negocio de la televisión por cable y que estaba a punto de cerrar por malos resultados financieros, rechazó el video.

Jackson —a quien el dueño de la revista Rolling Stone, Jann Wenner, le había negado una portada en su famosa publicación durante la promoción de Off The Wall— sintió nuevamente el azote del racismo sistémico de los Estados Unidos. Miles Davis y Rick James ya se habían quejado públicamente porque MTV no ponía artistas negros en su programación. 

No es solo uno de los mejores sencillos que jamás se hayan grabado, es una de las más grandes obras de arte del siglo veinte

Indignado por la negativa del canal de televisión, Jackson acudió a Yetnikoff. Histérico, el presidente de CBS, quien había sido clave en la negociación de MTV con las grandes casas disqueras para que el canal pudiera usar el material de sus artistas, amenazó al jefe del canal, Bob Pittman, con quitarle los permisos para poner a todos sus grandes artistas en la programación. “Si mañana prendo el televisor y no está Billie Jean en alta rotación”, le gritó por el teléfono Yetnikoff a Pittman, “olvídate de Bruce Springsteen, de Bob Dylan y de Billy Joel”.

Billie Jean entró a alta rotación en MTV horas después. La canción, una sinuosa mezcla de disco, funk y R&B, se metió por las venas de la cultura pop como una serpiente. Acompañada de la alta rotación en radio, Billie Jean hizo lo que Pittman había soñado durante un año: en cuestión de horas miles de personas en los Estados Unidos empezaron a llamar a sus operadores de cable para comprar el canal. Todo el mundo quería ver ese video musical.

Nadie quería estar por fuera de esa acción. La canción, como relata Fisher, “no es solo uno de los mejores sencillos que jamás se hayan grabado, es una de las más grandes obras de arte del siglo veinte”.

Con la omnipresencia de Billie Jean, Jackson tumbó un muro racial y logró que blancos, negros, latinos, árabes, europeos y asiáticos consumieran su música, pero no sin pagar un precio altísimo: el FOMO que produjo la canción, con su video musical, su atuendo, sus pasos de baile y la paralizante presentación de la canción en vivo un año después, en el aniversario televisado de Motown Records —cuando hizo famoso el paso del caminante lunar, el Moonwalk—, alimentaron saludablemente a la bestia de MTV, la pusieron a cotizar en Wall Street y la convirtieron en un mal necesario para el negocio de la música.

Antes de Jackson, tener un video musical era una idea interesante. Después de él, era inevitable. Esto condujo a Jackson no solo a la inalcanzable fama de la que solamente él gozó, sino también a su hipermercantilización, a convertirlo en un producto y, por ende, a convertir a cualquier artista que quisiera ser famoso, en un producto también.

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En las paranoicas palabras del mismo ‘rey del pop,’ de manera profética y aterradora, en Wanna Be Startin’ Somethin, la canción que abre Thriller: “Eres un vegetal. You’re a vegetable. Y te odian. And they hate you”. 

No estando contento con el rotundo éxito que le trajo Billie Jean, la estrategia siguió con Beat It, que luego de tirar abajo la segregación racial a la que se había visto sometida la música negra durante más de 40 años, le dio un merecido lugar a la Norteamérica negra en el rock y en todos los sentidos. 

Con la ayuda del guitarrista más emocionante y divertido del heavy metal, Eddie Van Halen, y el acompañamiento de Steve Lukather de Toto, Beat it se coronó como la canción de rock más importante de 1982.

Rompiendo reglas 

El último sencillo de Thriller es la canción que le da título al álbum y volvió a romper las reglas del mercadeo musical un año después. Esta vez, CBS estaba convencidísima de invertir 800 mil dólares en una película de terror corta, de 10 minutos. Thriller, escrita por Rod Temperton para Jackson, obligó al pop a contar historias, sin importar cuán largas fueran.

Fue también el comienzo de las coreografías musicales, inspiradas por sus héroes Gene Kelly, Fred Astaire y sus profesores de baile, los Nicholas Brothers. Nadie en el pop pudo volver a hacer un video musical sin tener una buena coreografía. Nadie —salvo su hermana Janet— pudo hacerlo mejor también. 

A finales de 1983, Saturday Night Fever de Los Bee Gees había logrado vender 25 millones de álbumes en 6 años. Thriller vendió 13 millones de copias en Estados Unidos y 22 millones a nivel mundial en un año. Para finales de 1983, CBS había recaudado 60 millones de dólares en ventas del álbum y Jackson había renegociado la tasa de regalías más alta del negocio de la música: 42 por ciento de cada álbum vendido, un equivalente a 32 millones de dólares, más 15 millones en ventas internacionales.

Pero aún así, eso no es lo más asombroso del álbum. Lo más asombroso de Thriller tampoco es el maquillaje ni el vestuario ni la historia, sino la visión que Jackson tuvo temprano en su carrera como solista de su propia monstruosidad y de la que causó en el público de pop.

Cuando grabó el legendario videoclip, Michael ya era vegetariano, había pasado tres veces por un quirófano estético y huía desesperado de su raza. No necesariamente de su negritud ni de su linaje, sino de la raza humana. La que se desmayaba incontrolablemente en conciertos y compraba todo la merch y todos los discos, desaforadamente, la que insultaba a cualquier periodista que escribiera en aquella época que el disco no era tan bueno, la que lo perseguía por el mundo como los zombies bailan en perfecta sincronía con Jackson en el video, la que lo santificó a pesar de los pecados, los escándalos y la humanidad que nunca pudo abandonar hasta morirse. 

Sí, 40 años después de su lanzamiento, el sexto álbum de Michael Jackson ha sido reevaluado por decenas de musicólogos y melómanos. Muchos argumentan que es el triunfo del capitalismo sobre la música. Probablemente tienen razón. Pero cuatro décadas después, y a pesar de la mirada filosófica de los expertos, Thriller sigue siendo el álbum perfecto.

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ALEJANDRO MARÍN
PARA EL TIEMPO 
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