Annie Ernaux: Premio Nobel de Literatura de izquierda en 2022

El jueves 6 de Octubre la Academia Sueca del Premio Nobel ha dado el Premio de Literatura a Annie Ernaux. Es la primera mujer francesa en obtener tal premio. 

Una mesa negra, seis de sus libros y un ramo de hortensias encuadran la presencia sobria y algo nerviosa de Annie Ernaux durante la Rueda de Prensa en la Editorial Gallimard, frente a decenas de micrófonos.

Periodistas del mundo entero han venido a París para oír a esta mujer que colocó la literatura francesa en los niveles superiores mundiales. Los periodistas han venido de lejos para ver a la primera francesa que recibe el Premio Nobel, unos 8 años después de Patrick Modiano y 14 después de Jean-Marie Gustave Le Clézio, también de habla francesa.

Annie Ernaux declaró en la Rueda de Prensa: “Este Nobel, aún no lo he asimilado, no acaba de ser real para mí, pero es cierto que es una nueva responsabilidad para mí en continuar la lucha contra la injusticia, cualquiera que sea, pero contra todo lo que sea alguna forma de injusticia contra la mujer hacia lo que yo llamo las ”dominadas“. Puedo decirles que lucharé hasta el último suspiro para que las mujeres puedan elegir ser madres o no serlo. Es un derecho fundamental. La anticoncepción y el derecho al aborto son el núcleo de la Libertad de las mujeres.” (Aquí alude a intentos de prohibir el aborto legal en USA).

Como se ve, la Academia Sueca ha coronado a una novelista de izquierdas cuya obra refleja nuestros tiempos. La autora de La Place es también una referencia como anti-autoritaria y como activista feminista.

Así, la Real Academia Sueca concedió el Premio Nobel de Literatura a Annie Ernaux como autora de “Simple pasión”. Repito: Es la primera novelista francesa que recibe el prestigioso premio. El jurado ha elogiado una obra que ha examinado sistemáticamente “desde distintos ángulos unas vidas marcadas por las disparidades, a saber: el género, la lengua y la clase social”.

Entrevistada por la televisión sueca SVT, la escritora consideró el premio un “gran honor” y una “responsabilidad”. Y añadió: “Es decir, dar testimonio (…) de una forma de equidad, de justicia, en relación con el mundo”.

Especial atención nos merece la especial mención que hizo la escritora del sociólogo Bourdieu cuando confiesa: “Los textos de Bourdieu me animaron a perseverar en mi empresa de escribir, a decir, entre otras cosas, lo que él llamaba lo socialmente reprimido o represión social.”

Con estas palabras, Annie Ernaux demostró su lealtad ideológica.

Lo íntimo y personal como literatura

Utilizando su vida personal e íntima y su universo familiar como material para su obra, Annie Ernaux se impuso rápidamente como una de las principales figuras de la autoficción con dimensión social.

Nació en 1940 en Lillebonne (Seine-Maritime), creció en el corazón del Pays de Caux, en Yvetot, en la Normandía francesa donde sus padres consiguieron con arduos esfuerzos tener una pequeña tienda de comestibles que hacía las veces de licorería y café. Desde esta Normandía semi-rural y poco culta saldrán las escenas íntimas y durísimas de carácter fictivo-autobiográfico de la autora, que trascienden lo personal adquiriendo formato colectivo.

El Presidente Emmanuel Macron, al enterarse del Premio, ha dicho acertadamente: ”Annie Ernaux écrit, depuis 50 ans, le roman de la mémoire collective et intime de notre pays. Sa voix est celle de la liberté des femmes et des oubliés du siècle. Elle rejoint par ce sacre le grand cercle de Nobel de notre littérature française”.

En la novela La place no enfrentamos a la muerte del padre de la narradora. De niño, el padre de Annie no tenía tiempo para ir a la escuela. Ella escribe que él tenía que andar kilómetros para llegar a la escuela. Y que faltaba mucho a clase a causa de la recogida de papas, de hacer atados y haces de paja. Tenía que ayudar a su padre. Era inculto, pero quería que su hija aprendiese y tuviese un mejor porvenir.

La forma desapegada, poco sentimental de la descripción en las escenas de la Muerte y Entierro paternos resulta extraña a algunos lectores.

Aquí algunos trozos de tal narración: ”Empezamos a planificar el entierro, la clase de la funeraria, la misa, los anuncios, la ropa de luto. Sentí que estos preparativos no tenían nada que ver con mi padre. Una ceremonia en la que él estaría ausente por alguna razón. Mi madre estaba muy excitada y me contó que la noche anterior mi padre la había tanteado para besarla, aunque ya no hablaba”. Añadió: “Era un chico guapo, ya sabes, cuando era joven”.

”El olor del cadáver llegó el lunes. No lo había imaginado. Un dulce y luego terrible olor a flores olvidadas en un jarrón de agua podrida.Mi madre sólo cerró el negocio para el funeral. De lo contrario, habría perdido clientes y no podía permitírselo.   

Mi padre muerto yacía arriba y abajo ella servía pastis y vinos tintos. Lágrimas, silencio y dignidad es la forma en que uno debe comportarse ante la muerte de un ser querido, en una visión gentil del mundo. Mi madre, al igual que el vecindario, obedecía reglas de etiqueta en las que la preocupación por la dignidad no tenía nada que ver. Entre la muerte de mi padre, el domingo, y el entierro, el miércoles, cada uno de los habituales, nada más sentarse, comentaba el suceso de forma lacónica, en voz baja: “Ha sido muy rápido…”, o falsamente jovial: “¡Así que el jefe se ha dejado ir! Expresaban su emoción cuando se habían enterado de la noticia, ”me sentí mal“, ”no sé lo que me hizo“. Querían mostrar a mi madre que no estaba sola en su dolor, una forma de cortesía. Muchos recordaban la última vez que la habían visto con buena salud, buscando todos los detalles de ese último encuentro, el lugar exacto, el día, el tiempo, las palabras intercambiadas. Esta meticulosa evocación de un momento en el que la vida era evidente sirvió para expresar todo lo que le chocaba a la razón sobre la muerte de mi padre. También era por cortesía que querían ver al jefe. Sin embargo, mi madre no accedió a todas las peticiones. Distinguió a los buenos, motivados por una genuina simpatía, de los malos impulsados por la curiosidad. Casi todos los habituales del café pudieron despedirse de mi padre.

La mujer de un empresario vecino fue rechazada porque él en vida no había podido ni olerla: ella con su boca de culo de gallina”.

Literatura y sociología. Bordieu y Ernaux

En las novelas de Annie Ernaux vemos las transformaciones que se producen en la vida de la narradora a raíz de su encuentro con el mundo literario y la difícil relación con su padre. Nos encontramos con una aplicación narrativa de las observaciones teóricas de Pierre de Bourdieu. Recuerda a un estudio sociológico. Y es lo que el mismísimo Bourdieu había dicho sobre que la obra literaria, por su singularidad apunta a un más allá de esta singularidad, condensa en pocas líneas hechos que un análisis científico debe desarrollar lentamente: “No hay mejor testimonio de todo lo que separa a la escritura literaria de la científica que esta capacidad, que posee por derecho propio, de concentrar y condensar en la singularidad  concreta de una figura sensible y de una aventura individual, funcionando a la vez como metáfora y como metonimia, toda la complejidad de una estructura y de una historia que el análisis científico debe desplegar y desdoblar laboriosamente”.

En su Respuestas, Bourdieu compara el trabajo del sociólogo y el del escritor. La frase de Flaubert “me gustaría vivir todas las vidas” corresponde, según Bourdieu, a la intención del sociólogo de comprender el mayor número posible de experiencias humanas. Al igual que el escritor, el sociólogo tiene que formular lo no formulado. “Es en este sentido en el que el trabajo del sociólogo se asemeja al del escritor (pienso, por ejemplo, en Marcel Proust): como él, tenemos que dar acceso a la explicación de experiencias, genéricas o específicas, que ordinariamente pasan desapercibidas o permanecen informales. Por otra parte, Bourdieu piensa que la literatura, gracias a sus procedimientos formales, puede a veces representar mejor la complejidad de las experiencias humanas que ciertas simplificaciones del discurso sociológico o etnológico. 

Las historias de vida lineales, con las que suelen contentarse etnólogos y sociólogos, son artificiales y las investigaciones aparentemente más formales de Virginia Woolf, Faulkner, Joyce o Claude Simon le parecen a Bourdieu mucho más “realistas” (si es que la palabra tiene algún significado), más antropológicamente verdaderas, más cercanas a la verdad de la experiencia temporal, que las narraciones lineales a las que nos acostumbra la lectura de las novelas tradicionales.

A primera vista, la visión del mundo que tenía Annie Ernaux cambia completamente a raíz de su encuentro con la literatura, una visión que se vuelve más culta. De hecho, le permite cuestionar ciertas percepciones y actitudes (los habitus en la sociología de Bourdieu) que prevalecen en su familia y especialmente en su padre . Así, avanzando lenta pero inexorablemente hacia el mundo de la burguesía, la narradora adopta una actitud altiva hacia su círculo familiar, criticándolo y juzgándolo como inferior: “Dando un carácter festivo a lo que, en aquellos círculos, no era más que una visita banal, mi padre quería honrar a mis amigos y pasar por alguien con buenos modales”.

Tanto en la vida real como en la ficticia o literaria se producen cambios en la Ernaux narradora desde dentro de las obras como en la escritora la Ernaux exterior. Hay como un desdoblamiento de personalidad.

A primera vista, la visión del mundo de Annie Ernaux cambia completamente a raíz de su encuentro con la literatura, una visión que se vuelve más culta. La Literatura permitió a Annie Ernaux corregir ciertas concepciones que tenía antes, al tiempo que le hizo descubrir una nueva visión del mundo   

Así, por una parte, la relación entre padre e hija se deteriora a partir del momento en que esta última crece y descubre el mundo de los libros y la cultura, ganando así un nuevo lugar, un nuevo estatus social.

 La novela sentimental y las novelas rosa florecieron por primera vez en la prensa y la edición católica. De eso hemos visto mucho en la España de Franco, pero continua porque los hábitos y mentalidades se consolidan en un conservadurismo alentado y defendido por los medios privados. Pero algo similar se dio en Francia. Después de haber condenado la Iglesia Católica durante mucho tiempo la novela como género inmoral, la Iglesia propuso “libros buenos” para luchar contra la influencia de los “malos”, creando la “Biblioteca de poetas y novelistas cristianos”. Las novelas sentimentales son numerosas]. De este modo, Annie Ernaux deja claro que sólo leía lo que la religión católica juzgaba como malo, lo que le ayudaba a ver más allá de la visión que la Iglesia le “ordenaba”, por así decirlo….

En la novela La Place escribe: “Leía literatura ”de verdad“, y copiaba frases, versos, que creía que expresaban mi ”alma“, lo indecible de mi vida, como ”La felicidad es un dios que camina con las manos vacías“… (Henri de Régnier). 

Mi padre entraba en la categoría de gente sencilla, modesta o buena. Ya no se atrevía a contarme historias de su infancia. Y yo ya no le hablé de mis estudios. Salvo el latín, porque había servido él en misa, no lo entendía y se negaba a fingir interés por él, a diferencia de mi madre. Se enfadaba cuando me quejaba del trabajo o criticaba las clases. No le gustaba la palabra ‘profe’, ni ‘dirlo’, ni siquiera ‘libro’. Y siempre el temor o TAL VEZ EL DESEO de que yo no tenga éxito. 

Le molestaba verme entre libros todo el día, y les echaba la culpa de mi cara cerrada y de mi mal humor. La luz por debajo de la puerta de mi habitación por la noche le hizo decir que estaba agotando mi salud. Los estudios, un sufrimiento obligatorio para conseguir una buena situación y no tomar a un trabajador (¿casarse?). Pero el hecho de que me guste romperme la cabeza le pareció sospechoso. Una ausencia de vida en la flor de la vida. A veces parecía pensar que yo era infeliz. 

Frente a la familia, los clientes, la vergüenza, casi la vergüenza de que aún no me ganara la vida a los diecisiete años, todas las chicas de nuestra edad iban a la oficina, a la fábrica o a servir detrás del mostrador de sus padres. Tenía miedo de que me tomaran por una perezosa y a él por un fanfarrón. Como excusa: “Nunca la hemos presionado, lo llevaba dentro. Dijo que aprendí bien, nunca que trabajé bien. Trabajar para él era sólo trabajar con las manos”.

Esto de no aceptar como “trabajo” los cálculos mentales, contables, matemáticos o literarios por no ser “manuales”, era y es algo muy extendido entre ciertas capas sociales. 

El precio a pagar por la verdad

Además de su afinidad con Bourdieu la existencialista Simone de Beauvoir la inspira en el cuidado a los detalles que han marcado su vida: La vergüenza(1997), sobre su pérdida de virginidad; el aborto clandestino en El Acontecimiento; el fracaso de su matrimonio La Mujer helada (1981) o la terrible experiencia del cancer de pecho en El Uso de la Foto(2005)

Sus libros, La placeUne femmeLa honte, contienen páginas terribles para sus allegados, y sin ninguna complacencia para ella misma. El precio a pagar por decir la verdad, toda su verdad, adentrándose en lo más profundo de sí misma, llena de fría determinación. Un proyecto artístico y autobiográfico magníficamente servido por una escritura desnuda, despojada de adorno, calificada de “escritura plana”. Anders Olsson, jurado del Premio Nobel sueco, dijo:“Cuando expone, con valentía y agudeza clínica, las contradicciones de la experiencia social, describiendo la vergüenza, la humillación, los celos o la incapacidad de ver quién se es, logra algo admirable y duradero”, Sin embargo, esta crudeza, esta exposición, no le ha ganado sólo admiradores.

 Algún crítico la ha calificado de “zorra”.  Pero Annie Ernaux no es el sujeto de sus libros; es el testigo. Ella ha dicho:  “Contar mi vida sería una falsedad total. Soy un sujeto al que le pasan cosas. Estas son las cosas sobre las que hay que escribir. Mis libros son la fusión más estrecha posible entre lo colectivo y lo individual.

Repasando obras de la autora, encontramos una escritura auto-socio-biográfica, en la obra de una mujer para la que “la escritura es el verdadero lugar, de todos los lugares ocupados, el único material, no asignable a ninguna parte, pero que los contiene a todos de una manera u otra”.

Y ahora desde su reconocimiento mundial ha prometido desde la escritura continuar su lucha por la justicia y los Derechos humanos especialmente contra el sometimiento y la dominación machista sobre las mujeres.

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Annie Ernaux: Premio Nobel de Literatura de izquierda en 2022