La huella de Kerouac en Bob Dylan | El Adelantado de Segovia

Se celebra este 2022 el centenario del nacimiento de Jack Kerouac (1922-1969), el escritor más relevante de la Generación Beat. Los homenajes al autor de On the Road se han multiplicado por todo el mundo. En España, se ha publicado Cien Años en la Carreteralibro y disco que celebran la vida y obra del novelista, editado por Allanamiento de MiradaEl texto siguiente es un fragmento de esta biografía musical centrado en la huella que dejó el escritor americano sobre el Premio Nobel de Literatura de 2016, Bob Dylan.

Cantantes, compositores o instrumentistas han devuelto durante décadas a Kerouac el amor que el escritor demostró por la música. El cordón umbilical que conduce desde el novelista hasta tantos artistas no se debe solo a la pasión compartida por las melodías. Ese lazo parte del arrobo ante los libros publicados por el autor más famoso de la Generación Beat y también por las vivencias comunes que atan a los profesionales a la carretera. El trasiego continuo en las giras, de ciudad en ciudad, de hotel en hotel, conecta sus espíritus. Casi todos los músicos que admiran a Kerouac han probado además otro tipo de viajes interiores, experimentando con drogas para llegar más lejos en sus formas de expresión artística, profundizar en su deseo de espiritualidad o, simplemente, para divertirse.

Abundan los músicos que han reflejado en sus composiciones el influjo de Jack Kerouac y otras luminarias de la Generación Beat, a veces de forma directa, a veces con alusiones menos descaradas. Bob DylanJanis JoplinTom WaitsGrateful Dead, Patti Smith, The Doors, Van Morrison o David Bowie, entre otros muchos, incorporaron a las letras de sus canciones el mensaje que proclamaban los escritores beat. El reconocimiento a ese grupo literario no ha decaído con el paso del tiempo. Los talentos musicales emergentes recogen la antorcha de los clásicos y muestran sin tapujos su deuda con el autor de On the Road. Así ha pasado con Eddie Vedder (Pearl Jam), Thurston Moore (Sonic Youth), Joe Strummer (Clash) o Michael Stipe (REM), entre otros, pero la lista podría ocupar varias páginas de este libro.

Bob Dylan nunca se ha alejado mucho de la prosa espontánea que aprendió de Kerouac. Inventa una poesía sonora sin precedentes, en parte como herencia de los escritores de la Generación Beat, en parte por el océano de influencias musicales que acumula desde que le salieron los dientes. Woody Guthrie introduce el tren en su cosmogonía, mientras Jack Kerouac pone en su cabeza la carretera y un modo de escribir. Las composiciones concentradas entre 1963 y 1966 recogen dosis elevadas del espíritu beat, aunque la proyección de esos libros se extiende a toda su trayectoria y llega hasta su último disco, Rough And Rowdy Days (2020). Confiesa en la canción Key West (Philosopher Pirate): “Nací en el lado equivocado de las vías del tren, como Ginsberg, Corso y Kerouac, como Louis, Jimmy, Buddy y los demás. Bueno, quizá no sea lo que hay que hacer, pero sigo contigo de principio a fin. Ahí en las tierras planas, muy abajo en Key West”.

Abundan en los discos iniciales de Dylan canciones transmutadas en poemas surrealistas, fruto de la escritura automática, acelerada por las anfetaminas y salpicada de automóviles y ferrocarriles.

Buena parte de la riqueza literaria de esas canciones inmortales procede de los libros de la Generación Beat. Al de Minnesota le parecían muy pobres las letras de la banda sonora dominante en sus años mozos, ajenas a su tiempo y a la realidad juvenil que peleaba por salir a flote. Tira una piedra sobre esas aguas estancadas y encuentra en la obra de Kerouac un remolino de emociones que sirve como catalizador de cambios: «Seguía encendiendo la radio, probablemente más por un hábito sin sentido que por cualquier otra cosa. Lamentablemente, todo lo que se tocaba no reflejaba más que leche y azúcar, y no los temas reales de Jekyll y Hyde de la época. Las ideas de En la Carretera, Aullido y Gasolina que indicaban un nuevo tipo de existencia humana no estaban allí, pero ¿cómo podrías haber esperado que así fuera? Los singles de 45 eran incapaces de ello«, explica el rapsoda en su autobiografía Chronicles Vol. 1.

Ese universo oculto le interesa y se arrima al hábitat alternativo. “Mineápolis fue la primera gran ciudad en que viví. Llegué del desierto y topé con la escena beat, los bohemios, los bebop, todo estaba muy conectado. Saint Louis, Kansas City, ibas de una ciudad a otra y encontrabas el mismo panorama en todos esos lugares, gente que iba y venía, nadie con sitio fijo”. Y añade Dylan“Había muchos poetas y pintores, becarios, vagabundos, expertos en una cosa u otra, que habían dejado la vida típica de ´nueve a cinco´. Siempre había muchas lecturas de poesía, T.S. Elliot, E.E. Cumings. Fue algo de eso lo que me despertó, Jack Kerouac, Ginsberg, Corso y Ferlinghetti, eso tenía sentido para mí”.

También cuenta que “Ginsberg y Jack Kerouac me inspiraron al principio”.  “Por lo que recuerdo, leí On the Road quizá en 1959. Por supuesto, cambió mi vida como a cualquier otro”, recuerda. Y añade en sus memorias: “Ese libro había sido como una biblia para mí”. Otras publicaciones también habían encandilado a Robert Allan Zimmerman, como el poema Mexico City Blues, también de Kerouac. El bardo sentía una cercanía muy especial con esa escritura que prometía formas de expresión novedosas para entender el mundo, más en contacto con lo auténtico y no confinadas en cercados academicistas.

Cuando Bob Dylan llega a Nueva York frecuenta los cafés y locales propios de la bohemia, al igual que los miembros de la Generación Beat. En el Village, el recién llegado pasa algunas semanas con Jacques Levy, un amigo de Kerouac y letrista de The Byrds. El joven músico y Kerouac desembarcan en la Gran Manzana de manera similar a Paco Martínez Soria cuando llega a la capital: paletos inquietos que de pronto habitan en el centro del universo. Uno procede de Hibbing (Minnesota) y el otro de Lowell (Massachusetts), uno veinte años antes que el otro. Se diluyen en Nueva York y se enganchan creativamente a la ciudad más vibrante del país. Ambos son a su pesar la voz de su generación. Escriben o cantan sobre el paisaje humano más oprimido, aman a los vagabundos, rechazan el materialismo y buscan la pureza de la vida.

Al igual que Kerouac se encuentra con el autor de Howl en la ciudad de los rascacielos, Dylan también se topa con ese mismo poeta un par de décadas más tarde. Ese encuentro de Allen Ginsberg con el muchacho de Minnesota es un momento crucial para comprender el fuego creativo de los años sesenta. Ambos comparten muchas horas de vuelo y se contagian mutuamente sus delirios. El poeta y amigo de Kerouac amplía muy pronto su círculo de colegas dedicados a la música y se codea con el Olimpo del rock. Vive en primera línea momentos estelares como la grabación de We Love You (The Rolling Stones, 1967) o Give Peace a Chance (Beatles, 1969), además de apoyar a Lennon en su batalla para no ser expulsado de Estados Unidos en los años setenta. Hablando de los Beatles, los de Liverpool seleccionan a William SBurroughs entre los personajes que aparecen en la portada de Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band. Dylan y el autor de El Almuerzo Desnudo comparten protagonismo en esa histórica foto desde entonces y para siempre.

El nexo de la Generación Beat y Dylan abarca desde las primeras lecturas de On the Road hasta la posterior complicidad combativa junto a Ginsberg o Ferlinghetti. El bardo de Minnesota visita junto al autor de Howl la tumba de Kerouac durante la gira Rolling Thunder Review, en noviembre de 1975. Ginsberg abre el libro de poesía Mexico City Blues y leen varios fragmentos. Hay solemnidad en esa muestra de veneración. Dylan apunta que desearía ser enterrado en un sepulcro sin nombre.

Ginsberg, Kerouac y Cassady se hicieron inseparables en los primeros momentos tras el encuentro. El poeta que luego pasó tanto tiempo con Dylan dijo en 1992 que su propia forma de escribir había estado modelada por Kerouac en la plasmación directa de los pensamientos y sonidos sobre la página de papel. El novelista aconsejó a Ginsberg que no revisara el primer texto de Howl ni lo retocara cuando se lo envió para conocer su opinión. Curiosamente, la histórica frase “First thought, best thought” (“la primera idea es la que vale”) es de Ginsberg tras el consejo de Jack.

El escritor Greil Marcus apunta en su Like a Rolling Stone: Bob Dylan at the Crossroads que canciones como Visions of Johanna o Desolation Road pueden enmarcarse en el estilo narrativo de Kerouac. Otro crítico relevante, Clinton Heylin, considera que la estructura de muchos versos de Freewheelin proceden más de Kerouac o Ginsberg que de Guthrie o Robert Johnson.

Pero es mucho mayor el peso que alcanza como influencia Allen Ginsberg. El autor de Howl se queda de piedra cuando escucha por primera vez A Hard Rain´s a-Gonna Fall, en 1963. “La iluminación ha pasado de una generación a otra. Es la primera revolución cultural que se produce sin derramamiento de sangre”, juzga el poeta. Estrechan lazos de inmediato y el inquieto barbudo aparece en lo que puede considerarse el primer vídeo musical de la historia del rock, Subterranean Homesick Blues (1965), en la parte trasera del Hotel Savoy, en Londres. Marianne Faithfull dijo que cuando Dylan tira al suelo los carteles con versos de la canción, procedentes de un rollo de papel, está rindiendo homenaje a On the Road. Chi lo sá.

En la secuencia de acontecimientos en la época, cabe recordar que Dylan escribe las canciones de Highway 61 Revisited (1965) un mes y medio después de la publicación de Desolation Angels. El título Desolation Row procede de ahí y proyecta su atmósfera por todo el disco. Dylan habla de los cambios de nombres (“And give them all another name”), justo la costumbre del baile de denominaciones que aplica Kerouac en sus novelas. Just Like Tom Thumb’s Blues (1965) repite de alguna forma la narración del viaje por carretera en México que aparece en On the Road. También Visions of Johanna podría proceder de Visiones de Gerard, novela publicada en 1963.

Se ha escrito y hablado muchísimo sobre el accidente de moto de Dylan, en Woodstock, en 1966. Coinciden los dylanófilos en que el trovador no volvió a ser el mismo; sin embargo, escasean los que insisten en que previamente todo había cambiado en él tras la lectura de On the Road, un momento en que los hobos ya estaban en peligro de extinción y el músico se aferra al mito. Por eso declara al llegar a Nueva York que ha llegado hasta allí en un tren de carga, si bien lo desmentirá en sus memorias muchos años más tarde, cuando confiesa que recaló en la Gran Manzana en automóvil, otro símbolo de los beats.

Aunque Dylan se ha distanciado de esos inicios literarios, varios signos muestran que pervive ese fuego inicial que encendió Kerouac. Una prueba es el primer libro de DylanTarantula (de 1971, aunque iba a publicarse en 1966). Ahí se percibe el influjo de estos literatos. También comparten la sesión de despedida de The Band, en 1976, en The Last Waltz. Durante la inmortal velada, suben al mismo escenario de Frisco el de Minnesota y dos distinguidos poetas de la Generación Beat: McClure y Ferliguetti. ¿Más pruebas? La gira eterna que inició Dylan en junio de 1988, Never Ending Tour (La Gira interminable), reconoce desde el nombre que el compromiso del autor de Blonde on Blonde con la vida en la carretera no tiene fecha de caducidad.

Kerouac o Ginsberg nunca estuvieron entre las quinielas de candidatos al Premio Nobel de Literatura. Cuando Dylan consigue el galardón en 2016 muchos seguidores sienten que ese día se hace justicia también a los escritores de la Generación Beat. Algunos críticos piensan que Like a Rolling Stone no existiría sin Howl, de Ginsberg, en cuya gestación influyó a su vez Kerouac. Ese reconocimiento mundial se extiende, de alguna forma, a los artistas rupturistas que sufrieron durante los años cincuenta del siglo XX hasta abrirse paso en el elitista panorama literario estadounidense. La Academia sueca explicó que su decisión reconocía la creación de nuevas expresiones poéticas en la gran tradición de canciones americanas. “¿Nobel? ¿No es el hombre que inventó la dinamita? ¡Ja, ja, ja! Mis posibilidades de ganar eran tantas como ir a la Luna”, responde al conocer la noticia.

Dylan encomienda a Patti Smith que viaje a Suecia para recoger el Nobel. La encargada de tan alto honor había estado entre los personajes más innovadores en sus comienzos, pisando el territorio compartido del punk y el rock, y siempre con la poesía como brújula musical. Como escribe Ronna C. Johnson, “el arte de Smith conduce las transiciones culturales y literarias que van desde el Beat (arte de resistencia) hasta el pop (arte de la simulación) y hasta el punk (el arte del rechazo)”.

La poesía, el desprecio a las normas, un alto individualismo y la innovación artística como necesidad son otros puntos comunes de Smith y los beats. La artista llega con una mano delante y otra detrás a Nueva York, en 1967. En 1975, con Horses, Patti Smith emite una afirmación rotunda de sus principios poéticos. Une los versos con la música punk en otros discos: Seventh Heaven (1972), Easter (1978) o Babel (1978). Se introduce así en las vanguardias neoyorquinas y el punk se fortalece. No hay nostalgia por los escritores desaparecidos, sino reivindicación del pasado literario para fortalecer las emergentes formas de cultura alternativa.

Smith ha reconocido que “casi todos los amigos que me gustaban estaban chiflados por Kerouac. Creo que conocí a Kerouac a través de ellos y como de segunda mano”. Eran gentes como Sam Shepard o Fred “Sonic” Smith. Llega a sentir que la presencia del autor de Visiones de Cody “siempre está en la aire”. Además de la cercanía a Burroughs o Kerouac, Patti Smith también compartió recitales de lectura con Corso y cantó en su funeral, en 2001. Entonces declaró: “Afortunadamente, Gregory fue una mala influencia para mí”.

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