Ocho minutos con el Premio Nobel Abdulrazak Gurnah

Que no va a haber entrevistas con el Premio Nobel de Literatura 2021, Abdulrazak Gurnah. Que sí las habrá, no se sabe cuándo. Que tal vez no. Que quizás mañana. Que a partir de las 12, que estemos listos. Que un grupo de periodistas juntos. Que no, cada uno solo. Que hay cinco minutos por cabeza.

Así empiezan las cosas en la Feria Internacional del Libro de Sharjah, en Emiratos Árabes Unidos. O, en realidad, empiezan antes, cuando se sabe que Abdulrazak Gurnah estará en la Feria y quienes estamos destinados a cubrirla nos anotamos en fila para entrevistarlo.

Discutimos: cinco minutos no, de ninguna manera. Cinco. No, no alcanza ni para saludar. Cinco es lo que hay. No. “Bueno, diez”, nos dicen. Y, malos negociadores, nos vamos sonriendo, como quien termina un regateo con un triunfo, que tardará muy poco en revelarse falso.

Stand. En la Feria del LIbro de Sharjah, 2021. Foto NNC

Hay mucho que saber sobre Gurnah y el escritor tanzano prácticamente no habló desde que se quedó con el premio mayor de la literatura mundial. Fue noticia lo desconocido que era. El sitio oficial del Premio Nobel lanzó una encuesta: “¿Leíste algo de Abdulrazak Gurnah?” El 94 por ciento contestó que no.

En las librerías argentinas sus libros están ausentes, aunque por la magia del Nobel uno de ellos, Paraíso, estará disponible para los regalos de Navidad. Lo saca Salamandra.

Paraíso transcurre a principios del siglo XX y es la historia de Yusuf, un chico de unos 12 años. El padre tiene negocios con un tal “tío Aziz”, que llega al pueblo cada tanto y cuando se va le deja una moneda. En una vuelta, el padre le dice que se tiene que ir con Aziz, con su caravana de mercader. Después se enterará de que no es el tío, que es un acreedor. Como el padre no puede pagar, ha entregado al chico.

En África, la gente vive vidas complejas, más que andar de acá para allá bailando y tocando el tambor

Abdulrazak Gurnah

Yusuf trabajará y crecerá, amará y temerá en los dominios de Aziz. Con él se irá de viaje, conocerá a los “salvajes” del interior. Oirá lo que se cuenta de los europeos: que son crueles, implacables. Que son fuertes, comen metal. Ambiciosos. Voraces.

De las diez novelas de Gurnah hubo tres en castellano y los tres fueron publicados por una editora argentina, Julieta Leonetti. Dos –Paraíso y Precario silencio– salieron por la editorial Muchnik Editores (que más tarde se llamó El Aleph). El tercero, En la orilla, fue editado en España por Poliedro, también de Leonetti. Que ya no tiene los derechos.

“Paraíso fue el libro que me hizo creer en este autor”, dice Leonetti a Clarín. “Es una historia donde él cuenta cómo el comercio entre los hombres sirve para abandonar la esclavitud, para crecer incluso espiritualmente”.

Abdulrazak Gurnah en la Feria del Libro de Sharjah, 2021. Foto NNC

Abdulrazak Gurnah en la Feria del Libro de Sharjah, 2021. Foto NNC

¿Le traerá ganancias? “Sólo me acaricia el ego pero no voy a ver nada”, se ríe Leonetti . “Es mi segundo Nobel ‘póstumo’, el anterior fue Mo-Yan en 2012. Vienen y te tocan la cabeza y te dicen ‘tampoco lo hacías tan mal’”.

Sin libros

Pero a la hora en que empieza esta enorme y sorprendente Feria del Libro en Sharjah -uno de los siete emiratos que se unieron en una federación- apenas se lo puede leer en castellano por algunos de esos archivos que vuelan en Internet o en librerías de usados.

-¿Sabe que casi no se lo puede leer de otra manera que ilegalmente? -preguntará Clarín en un rato.

-Espero que pronto deje de ser así.

Abdulrazak Gurnah, ¨Premio Nobel de Literatura 2021, da entrevistas en la Feria del Libro de Sharjah, Emiratos Árabes Unidos. Foto Prensa

Abdulrazak Gurnah, ¨Premio Nobel de Literatura 2021, da entrevistas en la Feria del Libro de Sharjah, Emiratos Árabes Unidos. Foto Prensa

Así que nos llaman a la entrevista como a un parto -tengan todo preparado, todavía no, es ahora, es ahora- y ahí estamos, cinco o siete periodistas, a las puertas de un gran salón con varios sillones donde nos sentaremos con un Nobel flamante y ya agobiado. Custodian la puerta unos hombres elegantes, de túnica blanca -la kundara- y pañuelo en la cabeza.

-¿Odia hacer esto? -preguntará Clarín cuando llegue el turno.

-Esta intensidad es un poco difícil, sí. Normalmente está bien. Pero tanto…​

Pero la charla con Clarín no ha empezado todavía. Nos sentamos en los sillones de este lado del salón; el Nobel del otro. Llega la televisión, que primerea. Tratamos de oír las respuestas del escritor pero habla bajo, pausado y bajo.

Hay que esperar.

Aunque escribamos “un escritor tanzano” en un rato, cuando Clarín tenga sus minutos, Abdulrazak Gurnah dirá que es “de Zanzíbar”. Y es que Tanzania no existía cuando Gurnah nació, en 1948. El país se formó en 1964, con la unión de Tanganica y Zanzíbar. Tanganica había sido dominio alemán y británico. Zanzíbar -una isla al este de Tanganica-, británico.

Antes, Zanzíbar había sido un sultanato y un eje del comercio de esclavos africanos hacia los países árabes. Se independizó en 1963, como monarquía constitucional. En enero de 1964 revolucionarios africanos derrocaron al sultán y desplazaron a la minoría árabe. En 1964 se unieron a Tanganica. Gurnah se fue de allí en 1967 “para ser libre”, dijo en una charla pública en Sharjah.

Zanzíbar. La patria de Abdulrazak Gurnah, en el pasado.

Zanzíbar. La patria de Abdulrazak Gurnah, en el pasado.

El idioma oficial de la isla es el swahili, aunque se hable mucho inglés. Los libros del Nobel no se enseñan en sus escuelas ni están en swahili. “Nadie quiso hacerlo”, dijo Gurnah en esa charla, aunque ahora se está traduciendo Paraíso.

Su tema es el exilio, la emigración, el desarraigo. De familia acomodada, cuando Gurnah se fue, se fue a la universidad en Inglaterra. No pasó peligro ni hambre ni miedo, sí la nostalgia, la distancia, el corazón partido.

De alguna manera, Gurnah escribe un nuevo pasado para Europa, donde vive tanta gente nacida en otros horizontes, otras culturas. A medida que se asienten, que sus hijos crezcan en Europa, habrá muchos europeos con una historia africana, asiática, latinoamericana. ¿No serán imprescindibles esas vivencias para entender la Europa que se está construyendo ahora mismo?

Terminó la tele, terminó la periodista mexicana. Es nuestro turno y hay que aprovecharlo. Así que rápidamente los saludos, la pregunta por su incomodidad ante tanta entrevista y al grano. Con Yusuf en la cabeza, buscamos saber más de Abdulrazak.

-¿Qué recuerda de su infancia en Zanzíbar?

-Mucho. Casi todo.

-Su vida no fue como la del chico de Paraíso.

-Claro, no es mi período, más bien el de la infancia de mi padre. Crecí de manera razonablemente feliz, me gustaba la escuela.

-¿Era una familia de clase media?

-Diría que sí, no es tan sencillo. Una familia que estaba económicamente bastante bien. Eran comerciantes. Mi padre trabajaba con su hermano, que era realmente el comerciante.

-El “tío”… como en Paraíso.

-Pero “tío” es una forma de respeto, probablemente llames “tío” a cualquier persona mayor. Es cortesía. Pero, bueno, él era el rico, mi padre trabajaba para él, en una especie de organización semifeudal. Así que crecimos en una casa cómoda, donde vivíamos tres familias. La vida doméstica era buena: amigos,chicos, fútbol…

-¿Es descendiente de árabes?

-Mi papá era de Yemen, pero vivió casi toda su vida en Zanzíbar. Mi madre era de Mombassa, Kenia. Soy de Zanzíbar, como vos sos argentina, vengas de donde vengas.

Abulrazak Gurnah. El escritor tanzano, cuando ganó el Nobel. Foto AP

Abulrazak Gurnah. El escritor tanzano, cuando ganó el Nobel. Foto AP

No es cualquier cosa ser descendiente de árabes en Zanzíbar. Dice Gurnah en Paraíso: “Debes de estar pensando cómo llegaron a haber tantos árabes aquí en tan corto espacio de tiempo. Cuando empezaron a venir, comprar esclavos de esta zona era como coger fruta de un árbol. Ni siquiera tenían que capturar a sus víctimas, si bien algunos lo hacían porque disfrutaban con ello. Había mucha gente deseosa de vender a sus primos y a sus vecinos por unas cuantas baratijas”.

-Es que en sus libros se ven las diferencias dentro de África.

-Eso es la costa y el interior. La gente de la costa está más mezclada social y culturalmente, porque hay muchos negocios en el Océano Índico. Y la gente del interior, en cambio, no se ha mezclado con nadie. Entonces para la gente de la costa, esa gente del interior eran los salvajes.

“Estamos rodeados de salvajes”, dice el padre de Yusuf en Paraíso. “Que no tienen fe en Dios y que adoran a los espíritus y a los demonios que viven en árboles y rocas. Lo que más les gusta es raptar niños pequeños y utilizarlos a su antojo. O te puedes encontrar con esos otros desaprensivos, holgazanes o hijos de holgazanes, que no te harán caso y dejarán que los perros salvajes te devoren”.

-¿Eso sigue siendo como usted lo cuenta en la novela?

-Cambió mucho. Yo no encontré problemas en viajar por el interior, ir a muchos lugares..,

-¿Y lo hizo?

-Seguro, todos esos lugares que describo en Paraíso son lugares que visité de chico. Pero claro, los sucesos que describo son diferentes.

Pasaron tres minutos y cincuenta y cinco segundos. Fingimos que nada nos presiona, que no hay una fila de ojos mirándonos, que esto es una conversación sin tiempo.

-Hay mucha literatura sobre África escrita por occidentales. ¿Cuál es la diferencia cuando escribe un africano?

-Claro. Mucho de lo que hay fue escrito desde el punto de vista de alguien que mira desde afuera y para una audiencia que tiene preconceptos y formas de entender esos lugares y a esa gente. Así que uno de los impulsos que tuve fue decir: esto no fue así, fue más bien así. La gente vive vidas complejas, más que andar de acá para allá bailando y tocando el tambor.

-Tarzán…

-Sí. La vida es más difícil, en ciertos aspectos es injusta, desigual. Pero la gran pregunta de Paraíso, es ¿cómo fue que los europeos vinieron y simplemente tomaron el control?

Abdulrazak Gurnah, en Sharjah, 2021. Foto Prensa

Abdulrazak Gurnah, en Sharjah, 2021. Foto Prensa

En la novela Gurnah muestra los mitos, los relatos alrededor de los europeos que se fueron abriendo camino junto con las armas. Por ejemplo:

Yusuf les había oído decir que los alemanes colgaban a los obreros que no trabajaban duro. Si eran demasiado jóvenes para ser colgados, les arrancaban los testículos. Los alemanes no se amilanaban ante nada.

Y también:

Llevan ropa hecha de metal, pero que no irrita sus cuerpos, y pueden pasarse días sin dormir o beber. Su saliva es venenosa. Si te salpica, te quema la carne. La única forma de matar a uno de ellos es apuñalarlo bajo la axila izquierda; ningún otro sitio sirve, pero resulta casi imposible hacerlo, porque llevan ese punto fuertemente protegido.

Y más:

Los comerciantes, atemorizados por la ferocidad y la crueldad de los europeos, hablaban de ellos con asombro. Se apoderaban de la mejor tierra sin pagar un solo abalorio, obligaban a la gente a trabajar para ellos con engaños, comían lo que fuese, aunque estuviera duro o podrido.

Como si de una plaga de langosta se tratase, su voracidad no tenía límite ni decencia. Imponían tributos para esto, tributos para aquello, prisión para el infractor, y en ocasiones el látigo y hasta la horca.

Lo primero que construyen es un almacén, luego una iglesia, a continuación un cobertizo para el mercado a fin de poder controlar el comercio y gravarlo con un impuesto. Y todo esto aun antes de construirse un lugar donde vivir.

-Se preguntó cómo los europeos tomaron el control en África. ¿Cuál fue la respuesta?

-​Algo que se los hizo más fácil fueron las divisiones entre las culturas. Ellos explotaron estas divisiones, de una u otra manera. Reclutaron a algunos para pelear con ellos. Usaron a unos para pelear contra otros. Les dijeron a unos que otros los oprimían. Y, así, no hubo una respuesta unificada a la llegada de estos extranjeros. Eso no fue todo, claro: lo que lo hizo posible, en el fondo, fue la superioridad tecnológica de su armamento.. Pero les hizo más fácil que la gente no los combatiera, porque ya estaba fragmentada.

Seis minutos y medio. La coordinadora de prensa se sienta en el sillón contiguo. Un gesto sutil, pero está acá para que vayamos cortando. Y todavía falta un tema delicado.

En este país, donde la homosexualidad está prohibida, donde se eliminan escenas eróticas de las traducciones, hay que preguntarle al Premio Nobel de Literatura, el invitado principal de la Feria del Libro, por sus relatos sobre el deseo entre hombres y más: de un hombre hacia un niño.

Tenía fama de sodomita implacable y a menudo se lo veía acariciarse las caderas con aire distraído. Aquellos que Mohammed se había negado a contratar solían decir que cogía porteadores dispuestos a ponerse a gatas para él durante el viaje.

En lo más profundo de la noche oyó susurros y luego ligeros movimientos. Al cabo de un rato reconoció el sonido de caricias furtivas; después oyó una risa suave y apagados murmullos de placer.

-Usted toca un tema sensible. El sexo entre hombres. Y un hombre que se excita con un niño. ¿Por qué eligió mostrar esto?

-Porque es verdad. Simplemente.

-Es un guerrero bravo, excitado por un chico…

-Lo digo porque es verdad. No escribo escenas eróticas. ¿Y entonces? ¿No es cierto? Y estoy seguro de que en la Argentina también. Puede ser que a alguna gente no le guste que lo escriba, o que no les gusten otras cosas. No es problema mío.

La coordinadora se pone de pie. Dijimos cinco minutos, dijimos diez. Van ocho minutos, queda una lista de preguntas pero no se puede más. En la Feria se dice que África es lo que se viene. Hay por dónde empezar.

Sharjah, Emiratos Árabes Unidos. Enviada Especial

PK

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Ocho minutos con el Premio Nobel Abdulrazak Gurnah