Qu razones explican la escasez femenina entre los Premios Nobel?

La presencia femenina en los Premios Nobel vuelve a ser una rareza. Carolyn Ruth Bertozzi (Nobel de Química) y Annie Ernaux (Nobel de Literatura). Dos nombres que suenan a una cuota tácita, a un bochornoso compromiso para dar gusto al talento femenino y contentar a la sociedad. La semana de anuncios de los premiados se inició con el Nobel de Fisiología y Medicina, el sueco Svante Pääbo, que ha logrado la difícil tarea de descifrar el código genético de nuestros parientes extintos, los neandertales. A él le fueron siguiendo el resto de los nombres, siempre en masculino, salvo dos excepciones: Carolyn Ruth Bertozzi y la escritora francesa Annie Ernaux, que lo recibe a los 82 años.

La primera es una química estadounidense de la Universidad Stanford, que comparte el premio con sus colegas Morten Meldal y K. Barry Sharpless por el desarrollo de la química clic y la química bioortogonal. Es la octava mujer que ha conseguido este reconocimiento en los 122 años de existencia de los Premios Nobel. En Física solo ha habido cuatro premiadas de un total de 222 y otras 12 han sido galardonadas con el Nobel en Fisiología o Medicina. El enojo en 2021 fue mayúsculo cuando ninguna mujer fue reconocida en estas disciplinas científicas.

Es el premio con mayor prestigio y visibilidad en el ámbito intelectual. También para la sociedad es el reconocimiento a la apasionante tarea de investigar y transmitir conocimientos profundos sobre las leyes y mecanismos que gobiernan la naturaleza con los que se consigue una calidad de vida impensable hace unos años. Cabe mencionar el premio Nobel de química de 2020, que se concedió a Emmanuelle Charpentier y Jennifer A. Doudna por la creación de unas tijeras genéticas conocidas como CRISPR-Cas 9. Sus logros han permitido una eclosión de investigaciones muy prometedoras para el tratamiento del cáncer y otras enfermedades.

Jennifer A. Doudna en 2020, cuando recibió el Premio Nobel de Química.GTRES

Las galardonadas son mujeres extraordinarias que trabajan con pasión y convicción y que, incluso después del premio, dedican su vida a ello con asombrosa generosidad. Los mismos valores son los que inspiran a las merecedoras de los Premios Nobel de Literatura y de la Paz, cuyo trabajo ayuda a entender nuestro lugar en el universo y a construir una humanidad mejor. En estas dos ramas ha obtenido mayor número de galardones la mujer. En el Nobel de la Paz representa un 13,1%, relevante si tenemos en cuenta que en Física ni siquiera llega al 1,8%.

ALT: Emmanuelle Charpentier, Nobel de Química en 2020.

La microbióloga Emmanuelle Charpentier, Nobel de Química en 2020.GTRES

Jerarquía en el laboratorio

Este año la galardonada es la escritora francesa Annie Ernaux, que recibe el premio Nobel de Literatura “por el coraje y la agudeza clínica con la que descubre las raíces, los extrañamientos y las restricciones colectivas de la memoria personal”, según destaca la academia sueca. La primera en ser reconocida con el Nobel de Literatura fue la sueca Selma Lagerlöf, en 1909. La italiana Grazia Deledda lo percibió 17 años después. Así y con infinita paciencia, se han ido sumando 16 durante más de un siglo. Pearl Buck, Gabriela Mistral, Nadine Gordimer, Toni Morrison…

En el ámbito científico, la mujer viene denunciando desde hace años un mal sistémico, una falla en la raíz de un modelo abrumadoramente masculino con jerarquías muy establecidas y egos muy marcados donde, a menudo, el hombre es quien lidera los equipos y recibe, por tanto, el reconocimiento. Uno de los episodios que mayor estupor ha provocado en los últimos años fue el protagonizado por Tim Hunt, galardonado en Medicina en 2001, con sus palabras a favor de laboratorios segregados por sexo: “Ocurren tres cosas cuando compartes el laboratorio con ellas: tú te enamoras de ellas, ellas se enamoran de ti y cuando las criticas lloran. Quizá deberíamos hacer laboratorios separados para hombres y mujeres”. Tal fue el rechazo y el aluvión de reproches que tuvo que pedir perdón públicamente y renunciar a sus cargos.

Presencia creciente de talento femenino

A pesar de estos percances y circunstancias, la presencia creciente de talento femenino y crítico en las universidades y laboratorios está ayudando a que las cosas se hagan cada vez mejor. La primera galardonada, y en dos ocasiones, fue Marie Curie, como Nobel de Física, en 1903, y de Química, en 1911. En la primera ocasión lo compartió con su marido, Pierre Curie, y el investigador Antoine Henri Becquerel. Aun así, su mayor interés mediático en la época no le llegó por sus hitos, sino por su romance, después de enviudar, con un científico casado. Las páginas amarillistas se cebaron con ella. Los Curie fueron, por cierto, la familia más premiada de la historia de los Nobel. Su hija Irene lo recogió en 1935 y también lo tuvo que compartir con su marido.

Desde entonces, han ido llegando con la lentitud del cuentagotas, como si la academia sueca apretase una perilla con la presión calculada para que caiga en pequeñas dosis. En Medicina tardó 46 años en ser entregado a una mujer. La primera fue Gerty Theresa Cori, en 1947, por descubrir el mecanismo de transformación del glucógeno en ácido láctico. Más aún hubo que esperar a que el Nobel de Economía recayese en una mujer, Elinor Ostrom, que lo ganó en 2009. Ese año el porcentaje femenino llegó hasta el 38,5, con cinco premiadas, frente a ocho hombres. En cualquier caso, el sesgo se advierte incluso en el reconocimiento. Si es hombre, las palabras más repetidas son pionero, contribución o fundamental. En el caso femenino se pone el énfasis en el esfuerzo, los derechos o la propia palabra mujer.

¿Importa tanto el nobel?

El repaso de galardonadas deja un sabor agridulce. Cada nombre es un triunfo y un referente más. Una a una, derriban un muro y abren un camino. ¿Importa tanto el Nobel? Carmen Fenoll, presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas, considera que no deberían tomarse estos premios como un ranking meditado y preciso. Quizá sea más importante señalar que en España, el 40% de los investigadores científicos ya son mujeres, según el informe Científicas en cifras 2021.

Son mujeres que siguen la estela de esas investigadoras que trabajaron hasta el final de sus vidas y avanzaron siguiendo sus ideales, a veces sin sueldo, y casi siempre en la dirección opuesta a la que les marcaba la sociedad. Aunque insuficientes, sus ejemplos son inspiradores, sobre todo para jóvenes que serán necesarias para encontrar la cura definitiva a muchas enfermedades o contribuir a un mundo mejor.

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